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21 Agosto 2005 - 5:01 a.m.
Comenzó como cualquier otro aburrido sábado de Agosto, pasé la mañana con la ventana cerrada porque el aire entraba caliente de la calle, no comí nada en todo el día y no me levanté de la cama de lo aplastado que me sentía. Uno de esos días en los que pienso qué hago aquí y para qué he venido y de qué me sirve la experiencia en Madrid. Simplemente, esperaba que pasaran las horas, pensando que el Domingo sería diferente. Alquilé La Semilla de Chucky para pasar la noche y me reí un rato, pero después, regresó el tedio a mi mente, y me entraron muchas ganas de llorar...Yo soy así de desequilibrado a veces, ya lo sabéis de sobra, no? Y cuando se me pasó el momento no-puedo-con-mi-vida, me entró el calentón y puse una de Rafael Carreras, esa en la que un torero va a confesarse antes de su última corrida(de toros) y se tira al cura. Qué bonita, es como El Relicario de Carmen Sevilla y Arturo Fernández pero en versión porno-gay. El final todavía no lo he visto, no sé si morirá o se quedará con el cura-que está de bueno...y no lleva nada debajo de la sotana-es que es lo que tienen las películas porno, que esperar al final da una pereza... De repente, un flash se disparó en mi cabeza. Soy patético, pensé, todo el día encerrado en casa, viendo porno, soy lo peor...Así que en lugar de echarme a llorar al ser consciente de mi triste sábado, me di una ducha rápida, me puse guapetón con mis vaqueros roídos, la camiseta de Los Ramones y las sandalias que me compré en Chueca con Patri el día del Orgullo Gay y me fui a dar un paseo, aunque fuera a devolver La Semilla de Chucky al videoclub y a comerme un helado-o a tomarme una cerveza por qué no? Salí a la calle con ganas de vivir. Y ahora viene lo gracioso de la historia. Imagináos un tío de anuncio, la imagen en carne y hueso del Anthony de Candy Candy, rubio, con los ojos azules y una camiseta apretada que le marcaba el torso bien definido...y unos vaqueros que le marcaban todo lo demás. Al pasar por su lado, me clavó la mirada. Y yo, que me sentía...digamos que Flex, se la sostuve, la mantuve y lo desafié.¿Tienes hora? me preguntó.Las dos y media, le respondí mirando el reloj de mi móvil.Coño, las dos y media, qué tarde es, pensé.¿Tienes sitio? volvió a preguntar el chico de anuncio. No me haré el tontito, sabía de sobra a qué se refería. Vamos, salió de mi boca en un acto de superputa que ni yo mismo me terminaba de creer. Fuimos andando por media calle Alcalá sin hablar, yo unos pasos más adelante que él. Cuando lo miraba, bajaba la cabeza nervioso. Ey, se atrevió a hablar por fin...No te creas que hago esto a menudo. Ya, ya, balbuceé yo pasando un poco del tema. Prefería que no me hablara, me daba una pereza tremenda tener que entablar conversación o hacer amistad con él. Llegamos a mi portal y saqué las llaves.Giré la cerradura.No abría.La volví a girar.Dio un chasquido y al segundo intento, la puerta se abrió. Me volví a mirarlo.Era tan guapo, y arriba esperaba mi solitaria cama, ansiosa por dar cobijo a una noche de pasión y desenfreno entre desconocidos, por perder la virginidad de las sábanas recién planchadas y arrugarse por el deseo... ...Sus ojos eran tremendamente azules, y su boca perfecta... No puedo hacerlo, mejor será que te vayas, le dije. Como quieras, me dijo él, así que sonreí y cerré la puerta tras de mí...El tacto de las sábanas me recibió con calidez, había hecho lo correcto o al menos lo correcto para mi corazón. No podía estar con una persona de la que no sabía nada, quizás en otro momento, otro lugar, en otras circunstancias, lo hubiera hecho. Pero ya no. Mi sexualidad desbordada había encontrado su centro de gravedad. Y me sentí bien por ello.
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