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7 Agosto 2005 - 8:38 p.m.

En mi maravilloso trabajo me regalaron ropa, nada de mi estilo, todo muy fino y de niño bien, pero lo importante es el detalle. Llevando esa ropa yo también me podía hacer pasar por un personaje de novela de Marian Keyes y/o por una persona decente, incluso me daba aspecto de heterosexual, diría yo. Para rematarlo, también me invitaron a una cena de departamento, con todos los gastos pagados en un restaurante pijo no, pijísimo, de esos en los que te ponen un plato gigante con un poquito de comida en el centro y decorado con chorros de sirope, estratégicamente colocado. Qué bien que me va todo, pensé. Y qué bien que me consideren uno más de ellos a pesar de que yo sea el único que no lleva una vida ejemplar, con casa, niño, coche, hipoteca, y esposa ante dios y todos los santos. Yo vivo de alquiler, viajo en metro, me gasto el sueldo en dvds-mucho de ellos pornogays-y en helados de Ben&Jerrys, no tengo a nadie bajo mi responsabilidad-de hecho, mi única responsabilidad era regarle las plantas a Silvi, que se fue a pasar el fin de semana a Mallorca, y se me murieron más secas que una mojama-y desde luego, que no tenía esposa-y mucho menos ante dios desde que apostaté. Me preguntaba si lo sabrían en mi trabajo. Al fin y al cabo yo no voy contándole mi vida por ahí a la gente ni llevo una pancarta que diga Ey, no soy como tú. Pero desde luego era obvio que yo casado y con niños no estaba, sino ya habría puesto una foto de mi prole como fondo de escritorio en el ordenador, como hacían el resto de mis compañeros.¿Intentaban con aquellos regalos, con aquellas invitaciones, que yo me uniera al maravilloso mundo de la heterosexualidad y me redimiera de todos mis pecados?¿Es tan decisivo en tu vida social lo que hagas o dejes de hacer en tu vida privada?

Acepté ir a la cena de departamento, sobre todo porque yo no tenía que poner ni un duro y me podría hartar de comer gratis, que es lo mejor que tienen este tipo de cosas, como las bodas, que si no fuera por el banquete dudo yo que nadie fuera a ver como dos enamorados babeando se juran amor eterno, vestidos ella de tarta y él de pingüino, quizás los trajes más ridículos que hayan llevado y llevarán en sus vidas.

En esto, que recibí una segunda invitación. Era de Cristi, que había dejado el sueño punk para-sí, ella también!-casarse, de MariCarmen, ¿os acordáis de su dieta? pues había resultado ser milagrosa y había perdido un montón de kilos, y de Laura, que había estado disfrutando de su amor con su novia en Mallorca...Habían pasado tantas cosas y sabía tan poco de ellas...Quizás con Laura había tenido más contacto, pero no todo el que me hubiera gustado a mí de todos modos...Me había centrado tanto en mi nuevo trabajo, en mis romances, mis mis mis mis, todo mis...Resultaba tan egocéntrica mi vida...Tan egocéntrico mi diario, donde todo gira a mi alrededor y nadie parece tener vida propia! Pensé mucho en ello, pero desde un momento tuve claro lo que tenía que hacer. Cancelé mi asistencia a la cena del departamento y me fui con mis chicas a beber cervecitas por Chueca, y pude saber del crucero de Cristi con su recién estrenado marido, pude ver a MariCarmen y los resultados de su dieta, reirme y bailar con Laura y con su novia...No hay que olvidarse de las cosas, los momentos y sobre todo, de las personas con los que uno es feliz. Quizás la vida te vaya bien, pero si no tienes con quien compartirlo, pierde todo su valor.

 

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