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25 Julio 2005 - 9:54 p.m. No es fácil sobrevivir en una ciudad sin mar como Madrid y a cuarenta y tantos grados a la sombra. Y a ello le añadimos el hecho de que tengo una malformación genética por la cual estoy caliente todo el día-que en invierno ser una estufa viviente es muy agradable, para mí y para quien me acompañe en las frías noches bajo las mantas, pero que en verano es un suplicio pues emano aún más calor del que hace en el exterior- Gracias a dios descubrí la forma de mantenerme fresco, mi oasis en el desierto...Me hice adicto al tang de naranja. Es muy fácil de preparar, se llena una botella de agua y se le añaden los polvitos, se remueve bien a lo Carmen Miranda bailando en Copacabana y voilá! Tenemos un litro de delicioso y sobre todo refrescante zumo de naranjas 100%artificial. El primer problema que tuve para prepararlo fue encontrar la botella adecuada. Inma tenía una y no me la quiso prestar, lo que hizo que Silvi enfureciera y amenazara con abandonar nuestro dulce hogar. Por la noche le entró el mono y se encerró en su habitación a fumarse un cigarro, e Inma fue a recriminárselo, recordándole que en las reglas-no escritas-de nuestras particular casa de la pradera, estaba prohibido fumar. Silvi tuvo claro en ese momento que en nuestra familia feliz sobraba un miembro, y que como Inma, al ser la casera, no podía desaparecer, la que se iría sería ella. A mí me dio mucha pena, no sabría vivir ya sin mi Silvi, pero la vida es así, los hijos abandonan el hogar paterno, y los mejores compañeros de piso se han de separar tarde o temprano para llevar una vida como dios manda. Esa noche tuve que asimilar que tarde o temprano Silvi se marcharía, sino por una pelea con Inma porque tarde o temprano se casaría con Diego y serían felices y comerían perdices para siempre. Y todo esto venía a cuento por lo de mi adicción al Tang.
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