|
09 Junio 2005 - 7:43 a.m.
¿Estáis preparados para una buena? Es de esas que se quedan en la mente, como la de Diana comiéndose la rata o como la de la muerte de Chanquete, o como la de la muerte de Anthony en Candy Candy. Pero vamos, no va de funerales la cosa. Va de que, y por favor dejadme ponerme un poquito poético y/o melodramático como a mí me gusta y a como ya estáis acostumbrados después de tantos capítulos, y decir algo así como que la vida toma rumbos inesperados cuando menos se lo espera uno, llevándote por senderos inexplorados por el corazón y peligrosos para la integridad mental. Bueno, si sabéis de sobra de lo que estoy hablando...y a los que no, se lo cuento ahora. Hablo de Derson. A veces no sé para qué pienso, porque cuando pienso qué raro que no llueve, cae una tormenta y se inunda el portal, cuando pienso qué raro que no me he resfriado este invierno, me entran fiebres africanas, y ...cuando pienso qué raro, que tranquila trancurre mi vida últimamente, que voy del trabajo a casa y de casa al trabajo, sin agobios, sin transtornos, sin mucho que hacer ni dejar de hacer...pues es entonces cuando recibo una llamada oculta que cambia mi vida. O al menos rompe la rutina diaria. Como iba diciendo, una vez más acabé mi jornada laboral sin pena ni gloria, apagué el ordenador, me despedí de mis compañeros con efusivo hasta mañana, que se escuchó hasta en Collado Villalba por lo menos y me colgué el bolso de Springfield, que todavía lo tengo hasta que alguien me regale uno nuevo o a mí me de el punto compulsivo de comprar accesorios y complementos. Pensé, hoy voy a coger el autobús en Heron City-que es una parada a cinco minutos de la usual, al lado de unos cines que se llaman así...bueno, esto no lo pensé, es una explicación para mis lectores, a ver si os vais a creer que yo me doy explicaciones a mí mismo de lo que son los sitios por los que ya estoy harto de pasar-Motivos para caminar más de lo habitual, dos. Uno, porque lo dice mi caja de SpecialK marca Sabeco, que si quiero adelgazar he de caminar una parada más y olvidarme del ascensor-joder, eso será porque el que lo ha escrito no vive en un quinto piso como yo-pero al menos la parte de la parada me gusta hacerla. Y dos, porque hacía una preciosa tarde de primavera-verano. Ah, y tres, porque quería ponerme moreno, pero como he dicho que era por dos motivos, pues este no lo tenenos mucho en cuenta, aunque también era cierto, aunque menos que el de querer adelgazar y el de la tarde bonita.
En esto que el teléfono empieza a vibrarme en el bolsillo, porque desde que me robaron el otro siempre lo llevo ahí donde no puedan meterme mano, o al menos sin mi consentimiento. ¿Llamada oculta? Si ya he pagado todas mis deudas, pensé. Y lo cogí con un cortante Diga, por si las moscas. Al otro lado me esperaba la voz de gremlin bueno que ya todos conocemos por aquí. Hola cariñooo, soy el Derson, y ahora preparaos para lo bueno...: ¿Irás a recogerme a la estación? Salgo para Madrid, me gusta Madrid...Echo de menos Madrid, Silvina y Chueca. (sin comentarios)
...No pude sacarle más información a pesar de que mis gritos no podían ser más altos. Allí estaba yo, parado enfrente del Heron City, dando voces como un oligofrénico e intentando en vano que un brasileño que habla medio inglés,medio español y medio su propio dialecto inventado, me entendiera. Poco más entendí, que fuera a esperarlo a las cinco de la mañana a la estación sur, que se quedaba a vivir en España...Pero hombre, estas cosas se avisan, tenía la habitación hecha unos zorros...
Cuando me vine a dar cuenta, yo ya estaba en mi casa y seguía apretando el móvil en el puño. Bien, no me cabía en la cabeza la noticia, ni siquiera sabía si era buena o mala, así que, como los neuróticos me puse a limpiar, qué me acuerdo de Joaquín y qué miedo acabar como él. A la hora de la cena regresaron de una excursión a Toledo Silvi y su madre. Ay, Toledo es bellllísima, cuanta artesanía, me decían, pero mi mente estaba en otra parte y yo me limitaba a sonreir y a asentir con la cabeza. A vos le pasa algo, me dijo la madre de Silvi, que para mí que tiene algo de psicóloga o de vidente, o quizás sea simplemente que es madre. Si, dije aceleradamente, y como estaba deseando contarles la historia, me senté con ellas a tomar el té en la cocina, y como si fueramos Las Chicas de Oro, les solté el drama de mi vida(Sicilia, 1920...)
Cuando mis chicas de oro se fueron a la cama, yo me duché, seguí limpiando y me lavé los dientes dos veces, esperando a que dieran las cinco de la mañana. Llegaron más rápido de lo que pensé. Me vestí como para salir un sábado o ir al bautizo del niño de Letizia, vamos, y cogí el primer metro, que no sé como no me dieron el premio al primer pasajero del día, o al más madrugador, o ya puestos, al más tonto. Me temblaban las piernas, el estómago, el corazón, el ojo izquierdo, que me tiembla cuando estoy nervioso aunque oí por la tele al médico de Saber Vivir o al de la botica de la abuela, no me acuerdo, que es una falta de no se cual vitamina. Me temblaba el alma, el presente, el pasado y el futuro, si nos ponemos más metafísicos-aunque algunos en lugar de llamarlo metafísico lo llame aburrido-y también me temblaba el interior de los calzoncillos, pero esto era lo único que me temblaba para bien. El resto me temblaba y me creaba ansiedad y ganas de vomitar. Llegó el momento que si mi vida fuera una serie de televisión o una novela, quedaría para los anales de la Historia, como, como he mencionado al principio, todas esas escenas que han marcado mi vida(sobre todo la de Diana abriendo la boca en un acto de non-plus-ultra para meterse una rata, que mira que a mí nunca me han dado asco, pero pobrecilla si estaba viva y todo. Por eso cuando vi Batman Returns no me llamó la atención que Michelle Pheipher se comiera un pájaro, porque yo era de la generación de V y ya estábamos inmunes a mujeres guapas pero locas que se metían en la boca lo primero que tenían a mano en un panic-de-hambre, como el que a mí me da los sábados por la tarde)En resumidas cuentas, llegó el momento más cinematográfico de la historia(de esta historia, no de la Historia Universal, que para eso ya tenemos el desembarco de Normandía)
Yo ascendía lentamente en las escaleras automáticas, como quién emerge del mar para coger aire, como el que despierta de una siesta en una calurosa sobremesa de Agosto. Poco a poco, pero en el momento en el que tu ascenso llega a su fin, ya no hay vuelta atrás. Y mi ascenso llegó a su fin, y allí, al final de la escalera, estaban ellos. Y si, digo ellos, y es en plural. Y no plural de dos ni de tres. Sino de cuatro.
Todos allí, sonriéndome, saludando con la mano y gritando mi nombre. La familia al completo, cargados de bolsas, maletas, mochilas y carritos. Y yo, tras un nanosegundo de pero qué invento es este, eché a correr y los besé y abracé a todos. Entre unos y otros, a medio camino entre el portugués chapurreao, el inglés, el español nivel uno y la comunicación no verbal-que consiste en hacer gestos como de yo tarzán, tú chita-me enteré de lo que sucedía. Se iban a vivir a Barcelona, a comenzar una nueva vida allí, donde una amiga de una amiga de una amiga de la amiga de la madre les había dicho que era el paraíso de los inmigrantes. Y, para mí sorpresa, el autobús para el sueño catalán(¿alguien se acuerda del sueño americano?No es nada comparado con este) salía en quince minutos. Ven conmigo, cariño, me dijo Derson y me cogió de la mano llevándome a medio arrastrar por toda la estación, que no es poco. Yo ya me intuía a dónde íbamos, que hombre, con el tiempo voy dejando de ser tan bobo como siempre he sido. Nos encerramos en un baño y yo, que quería hablar y todo eso, lo típico, a ti como te va, a mí bien y a ti, y a mí bien también, pues no tuve tiempo ni de decir Mú-que nunca he entendido muy bien lo que significa ni qué utilidad puede tener decirlo. Derson me olió, me acarició y me besó. Me besó, me besó y me besó. Y yo, lo besé también.
En cuestión de la mitad de medio segundo, algo en mi mente se agitó, y hablo de mi mente, no de mi entrepierna que también. Algo se agitó en mi mente, en la de arriba, y pensé pero qué hago, que sólo me faltaba que nos pillaran y comenzara el día en la cárcel como George Michael por escándalo público, y qué hago con mi vida, es Derson, mi amigo, al que hace dos días exactos ni más ni menos le había soltado el rollo de puedes contar con mi amistad y tal y cual. Me aparté de sus besos, aunque resultaba algo difícil debido a lo estrecho del cubículo. Cariño,¿qué te pasa?, me dijo, ¿No soy gustoso?. A este yo no sé para qué le regalé el diccionario de español si luego va y se inventa las palabras. Pero mirándolo de arriba a abajo sí que gustoso era una palabra que lo podía describir bien. Recuerdas que una vez, prosiguió con su voz de gremlin bueno, me dijiste que si vivieramos en el mismo país seríamos novios,cariño...
Ok , momento para un kit-kat. Sí que me acuerdo, pero Cataluña no quiere la independencia y todo eso, no es España, España, es menos España que Badajoz o que Alcorcón. Pero va, sí, lo dije en su momento. En un momento de estado alterado de la conciencia, y no, no hablo de una de mis borracheras, hablo de cuando estaba enamorado de él. ¿Vendrás a verme de vez en cuando? le pregunté, pasándome por el forro todo eso de que es mala educación contestar a una pregunta con otra pregunta. Claro que sí, cariño, me dijo, y yo le acaricié el rostro con la mano y salí de aquel cuarto de baño.
El autobús partió a su hora, y Derson iba como un monito con la cara pegada al cristal diciendome guapo y todas esas cosas que él me dice. Se señalaba la pulsera celeste, MI pulsera celeste, que ahora adornaba su muñeca, y me lanzaba besos al aire. Quince minutos y me pregunto si mi vida sigue igual que siempre o si algo ha cambiado...
previous - next
|