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23 Abril 2005 - 9:26 p.m. Mi personaje favorito por supuesto que eres tú, me dijo, y cómo me reí con lo de la chaqueta. ¿Qué chaqueta? le pregunté yo mientras daba un sorbo de vino. Pues la chaqueta de H&M que olía a humo con chocolate, me contestó y yo abrí los ojos sorprendido al descubrir que aquel desconocido sabía más de mi vida en Madrid que yo mismo. Era un fan, un fan de mi diario por internet con el que había quedado, por una parte porque estaba aburrido y por la otra porque ya lo había visto por foto a través de internet y me había parecido guapo. En persona no era feo del todo, aunque cuando la mesa llegó a llenarse de vasos vacíos su grado de belleza empezó a incrementarse gradualmente, de la misma forma que yo gradualmente iba perdiendo la compostura y empezaba a meterle mano en cuanto tenía la oportunidad. Yo no tengo la culpa de ser tan vulnerable al alcohol, es mi naturaleza y no lo puedo evitar, bueno sí, bebiendo cocacola light o bitter kas, pero no es lo mismo. Era diseñador de moda y tenía treinta y un piso cerca de Casa de Campo. Quería ser un personaje de Rob en Madrid y me pareció un curioso ejercicio de metaficción. Después de los vinos fuimos a Chueca a beber unos minis y nos encontramos con las cámaras de telecinco, resulta que acababan de aceptar las bodas gays y estaban buscando gays que opinaran sobre ello. Yo, que ni me había enterado de la noticia porque vivo en otro mundo, me acababa de enterar de que el Papa se había muerto y de que había uno nuevo, no tenía nada que decir al respecto, quién quiera casarse que lo haga, yo lo haría si encontrara la persona adecuada. Mientras acababa con el mini de Bacardi y comenzaba uno nuevo, llegué a la conclusión de que necesitaba un hombre: a)De más de 30 b)Que me quisiera incondicionalmente c)Que fuera sensato(o al menos más sensato que yo) y d)Que fuera guapo. Así que no me valía ninguno de los niñatos mariquitas que por pululaban por la plaza de Chueca. Estuvimos en varios pubs, en Polana, Sunrise y Why not, pero no recuerdo cual era cual, demasiado que recuerdo los nombres.En los baños de uno de ellos conocí a un chaval muy majo con el que estuve hablando de Sexo en Nueva York, pero no tendría más de diecinueve. No sé por qué he de congeniar últimamente con niños más jóvenes que yo, será que mentalmente no doy más de sí. El fan de Rob en Madrid me presentó a Parada, el de la tele, y me pareció uno de los momentos más patéticos de mi vida. Parada me puso una chapita no sé de qué en mi chaqueta de H&M, pero en algún momento de la noche se me cayó porque ya no la tengo. Seguí mareado y dando tumbos hasta las tantas, ligando con unos y con otros, con ganas de vomitar y de morirme y de seguir bebiendo. Antes del amanecer, el fan y yo nos tumbamos en el portal del restaurante desde el que yo solía escribir este diario, el de los asientos verdes y las paredes lima, porque últimamente escribo desde el ciber de una peruana muy simpática que está cerca de mi casa. Tumbados en Gran Via nos comenzamos a besar, y después me preguntó si quería ir a su piso. Cómo preguntarme algo así, si yo no sé decir que no. Es algo que tengo que aprender seriamente.
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