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15 Abril 2005 (2ªparte) - 10:15 p.m.
Su mirada me seduce en la oscuridad de la noche. Tiene varias formas de mirar desde la más inocente a la más perversa, pasando por todos sus grados intermedios. Eso me inquieta y me excita al mismo tiempo. Se acerca a mi cara y puedo sentir su respiración, sus labios se encuentran a escasos milimetros de los míos pero no me besa y es esa mirada la que me dice lo que quiere y cómo lo quiere. Habíamos pasado todas y cada una de las noches de la semana juntos, él levántandose a las ocho para ir a clase y yo poco después para ocupar mi nuevo y flamante puesto de trabajo. Habíamos pasado la frontera de esa fase de la relación en la que los amantes se ponen nombres de animalitos y también de esa otra fase en la que se te hace raro que no duerma contigo y le dejas el hueco en la cama cuando no está. Faltaba aún una, la que íbamos a traspasar esa misma noche... Caí exhausto y cubierto de sudor sobre las sábanas arrugadas. Él se echó sobre mí, dejando todo su peso sobre mi cuerpo y besándome el pecho. Sus caricias regresaron a mi entrepierna y lo aparté de mí, acaso me quería matar antes de cumplir los treinta. Él podría ser todo lo budista que quisiera, pero yo seguía la tradición cristiana,cátolica,apostólica y romana que es dormir después de correrte. Me miró con sus ojillos de inocencia grado uno como preguntándome dónde está el problema que yo no me he dado cuenta.Empecé a reírme a carcajadas, aún corriendo el riesgo de despertar a Silvina, si es que no se había despertado ya con nuestros gemidos minutos antes, y le dije no soy un objeto sexual aunque sé que sólo me quieres por mi cuerpo. Sus ojillos no abandonaron el grado uno de inocencia y tras un beso pequeñito y tímido me abrazó y me lo dijo. Te quiero. Y me dejó muerto en la cama. Podría haber hecho muchas cosas en ese momento, ironizar, hacerme el sordo, cambiar de tema, o besarlo y empezar con otro revolcón, pero no, lo abracé y también le dije que lo quería. Bien, esto ya va más en serio de lo que yo me creía. Nos hemos hecho novios, nos hemos dicho que nos queremos, y en intimidad de mi habitación nos hemos amado intensamente como si mañana o pasado se fuese a acabar. Alguien me lo dijo recientemente, no se trata de cuánto dura sino de cómo dura. Y yo no puedo estar más de acuerdo, aunque deseo fervientemente que dure para siempre.
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