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1 Abril 2005 - 11:52 a.m.
Me dijeron que esperara allí sentado. A mi alrededor todos iban y venían trajeados de Armani o de Hugo Boss, dios mío, aquella empresa parecía Cosmopolitan en lugar de una empresa de seguridad. Ya me lo había dicho Mauro, que fuera enchaquetado a la entrevista, así que me puse la americana beige que me había comprado en H&M para salir el sábado por la noche. Todavía olía a humo, pero le eché medio bote del perfume de Karl Lagerferd y no sé si fue peor el remedio que la enfermedad, porque debido a ello empezó a oler a una mezcla de humo y chocolate que me revolvía el estómago. Me empezaron a sudar las manos, me sentía la nota discordante ante tanto glamour. Y en esto, salieron a buscarme. Era una chica bajita, muy mona y muy bien vestida y peinada. Me la imaginé siendo la protagonista de una novela de Marian Keyes. Me dio la mano, antes conseguí limpiármela disimuladamente en el sofá al levantarme, y me dijo que la siguiera. Entramos en un despacho(Qué empresa más bonita, no como la de Digital+, que se cae en pedazos)y comenzamos la entrevista. Lo típico, que me cuentes tus virtudes y defectos, que dónde te ves en dos años, que por qué te interesa este trabajo...Yo, en todo momento simpatiquísimo de la muerte, hecho un figurín con mi americana de H&M, sonriendo y mostrando seguridad, aunque por dentro temblaba como un flan porque estaba en juego un empleo de mil euros al mes más dietas. La chica que parecía de una novela de Marian Keyes no paraba de apuntar cosas al margen de mi currículum e imaginé que escribía cosas como menudo maricón o huele a la colonia que Karl Lagerferd hizo para la plebe o se ha limpiado el sudor de las manos en el sofá de la entrada. Mientras salía de aquel lugar, eché una última mirada a todos los que entraban y salían de allí. Me encantaría trabajar con ellos. Una vez más, tuve que bajar de las nubes y acudir a mi odioso trabajo, y una vez más me regañaron por llegar...cuatro minutos tarde!! Querían un motivo, y dije que el metro se había quedado parado en mitad de un túnel, porque cómo decirles que había estado en la empresa de mis sueños haciendo una entrevista de trabajo para un trabajo en el que no tenía muy claro que se hacía pero sí lo que se cobraba... A la mañana siguiente, me despertó el timbre del teléfono. Contesté con los ojos aún cerrados sin saber que había llegado el día. El día en el que mi vida comenzaría a cambiar. Sí, queridos lectores, me habían escogido para el trabajo de los mil euros y la comida a cargo de la empresa, sí!!! Decían que YO, y no otro, YO, YO, YO daba el perfil!!! Claro que sí, buscaban el perfil de un chico dinámico, emprendedor, divertido y guapo, me buscaban a MÍ!!! Y me levanté de un salto y me puse a gritar y a reír y a bailar, y de repente el cielo se convirtió más azul y el sol más brillante y el mundo en general mucho más bello... ...Pero eso no es todo, queridos lectores, aún hay más. Regresé a mi odioso trabajo con una sonrisa de oreja a oreja, a sabiendas de que pronto lo dejaría y de que mis problemas económicos por fin se habían acabado porque A) Iba a empezar a ganar más B) Hacienda me iba a devolver el IRPF y C) Digital+ por fin se había decidido a pagar los retrasos pendientes y me debían trescientos euros. Y de repente, cuando parecía que no podía pasar nada mejor, sonó mi bendito móvil, yo pasando de las miradas asesinas de los supervisores porque para lo que me queda en el convento me cago dentro, y lo atendí con la mejor de mis voces, esa que es entre actor porno y cura, y para mi sorpresa es un aviso de la editorial Harlequin para que fuera a recoger la prueba de selección para traductores a la mañana siguiente. Muerto muerto muerto. Me quedé muerto. Que nadie me estropeara aquel momento, que nadie se atreviera a decirme que me había pasado del tiempo de descanso o de no-libre porque definitivamente era mi día. Cuando llegué al piso, le conté a Inma todo lo sucedido y reimos y gritamos hasta que un vecino que siempre se queja de mí nos mandó a callar. Me quedé dormido con la sensación de que mi cama no era más una balsa a la deriva sino que sabía perfectamente el rumbo que llevaba. Por la mañana, el sol bañaba Madrid. Fui a la editorial Harlequin, estaba en un edificio antiguo con uno de esos ascensores del año de la polca que aparecen en las películas. Me hizo mucha ilusión subirme en él, aunque a la hora de salir no sabía cómo se abría la puerta y tuvo que venir una vieja a auxiliarme. Pero qué torpe que soy a veces, parezco Mr.Bean. Harlequín era un piso muy pequeñito con montones de libros por el suelo, por las paredes, por encima y por debajo de las mesas y de las sillas. Eran libros con portadas que mostraban mujeres alicaidas al borde del orgasmo o de la lipotimia, no sé yo muy bien, y a hombres semidesnudos, hinchados a base de esteroides y probablemente gays. Me atendió una chica muy maja, otra posible protagonista de novela de Marian Keyes, y me dio la prueba que he de traducir, el primer capítulo de una novela que se llama Best Man to Wed. A dios pongo por testigo que lo haré lo mejor que pueda, pensé mientras me entregaba los folios. Regresé a mi casa atravesando calle Goya. El sol acariciaba mis párpados y una suave brisa lamía mis mejillas. El politono de mi movil me hizo volver a mí. Al otro lado, Alex me daba los buenos días. Tengo muchas ganas de verte, me dijo. Fui hablando con él durante todo el camino, a mi alrededor la ciudad, como mi corazón, se mostraba rebosante de vitalidad. Y pensé que por fin, los dioses estaban de mi parte.
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