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28 Marzo 2005 ( segunda parte) - 6:15 p.m.
El fin de semana explotó como miles de fuegos artificiales dentro de mi corazón. Patri y Andrés vinieron a verme desde Málaga y me encontré con ellos lleno de ánimos por pasarlo bien y reirme un poco de mí mismo. Fuimos de compras y a comer mucha comida basura, adoro este tipo de días aunque engorden mis michelines y adelgace el saldo de mi tarjeta de crédito. Estaba en H&M esperando a que Patri y Andrés se probaran más y más y más ropa, cuando me llamó Alex por teléfono, y quedamos a la una en Long Play. Por la noche formamos un grupo heterogéneo para salir. De una parte mi Patri,Andy y yo, de la otra Laura, mi nueva compañera de trabajo, de Rodriguez en Madrid porque su novia se había ido al pueblo de vacaciones, su amigo Fran, militar, hetero y aficionado a visitar bares de lesbianas. Por otro lado, Mi ex-vecina-obsesiva (¿Os acordáis de ella, queridos lectores?) que había venido a Madrid por unos días, su amigo-inabarcable-inglés, y por otro lado mi nuevo y bisexual compañero de trabajo, Steve, qué guapo que es, y su novia, qué rarita qué es. Yo lo pasé muy bien, aunque algunos no tanto, como la ex-vecina-obsesiva que se horrorizó al descubrir que existen "gay de chicas" como ella dice. Andrés y Patri no la tragaron desde el primer momento, y yo me reí un montón con la situación. Pero bueno, sigamos avanzando en la historia. A la una, me esperaba Alex tal y cómo habíamos quedado. Y verlo sin alcohol en la sangre fue como si se me presentara por primera vez. Nuestro grupo empezó a desmembrarse a medida que avanzaba la noche y tan sólo llegamos hasta el final y el inicio de un nuevo día, Andrés, Alex, mi ex-vecina-obsesiva y yo. Pobrecillo Andrés, la tuvo que aguantar él solito porque yo ya a esa hora andaba acaramelado con mi último romance-y más consciente que la última vez-Me sentía muy bien, había saldado mi deuda, la deuda que tenía conmigo mismo. Vente a mi casa, le dije. Y él aceptó de buen agrado con una amplia sonrisa. ...El mediodía nos asaltó y aún no habíamos tenido la oportunidad de dormir, así que le dije mejor salimos de la cama y te invito a desayunar en el Vips. Supuse que era el momento de conocernos mejor y entablar una conversación y todo eso. Mientras desayunábamos, descubrí que mi acompañante era un chico sencillo. No bebe alcohol, trabaja durante todo el día y no tiene ningún tipo de afición, ni lee, ni le gusta el cine, ni la televisión, ni los ordenadores, ni los bonsais, ni tiene problemas existenciales. Bueno, igual que sea así de básico es un punto a favor en lugar de uno en contra, intenté convencerme. Él regresó a su casa después de aquel desayuno y yo dormí hasta las cuatro y media, que bien merecido tenía un descanso. Me encontré con Patri y Andy a las cinco para comer en McDonalds y les conté la historia, se rieron mucho y me sentí un poquito mal por juzgar a las personas de esa manera. Que el chico fuera tan simple no quería decir nada, de hecho, era horrorosamente buena persona e ingenuo y yo a su lado resultaba vergonzosamente procaz y retorcido. No quería comportarme como no me gusta que se comporten conmigo, así que lo llamé y volvimos a quedar para esa misma noche. Patri regresó a Málaga pero Andrés se quedó. Fuimos a comer a Fresco hasta que nos pusimos malos de tanta pasta, y después fuimos a recoger a Alex a Long Play. Como era domingo, todos los locales estaban o cerrados o medio vacíos, así que a las tres o las cuatro, dimos por terminado el periplo, me despedí de Andy, que por la mañana se iba él de Madrid, e invité a Alex a que pasara la noche, segunda noche consecutiva, en mi casa. Sus ojos relucen de felicidad cuando le hablo, su sonrisa es pura y sincera, no tiene maldad, es tímido y lo llevo de la mano a mi antojo por donde yo quiero. Me sentí mal al pensar que es tan manipulable, que lo puedo hacer tremendamente feliz o desdichado con mi actitud. Pero yo en el fondo no soy tan mala persona, no quiero hacer desdichado a nadie a propósito. A media noche desperté y él me miraba sonriendo como sólo sonríen los enamorados. Acaso no puedes dormir, le pregunté. No, me dijo, no estoy acostumbrado a dormir fuera de casa, yo no salgo mucho. Lo abracé y apoyó su cabeza sobre mi pecho. Duerme así, le dije mientras acariciaba suavemente su cabello dorado. Me empezó a besar el torso y a medida que sus besos se iban espaciando, pude sentir como se iba quedando dormido. No quiero que te sientas fuera de casa, pensé. Aquí estarás seguro, yo te haré feliz. Y embriagado por esta sensación, también yo cerré los ojos.
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