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26 Febrero 2005 - 9:19 p.m.

Al final Patri se quedó sin billete y no pudo venir a Madrid así que yo de repente me quedé con un larguísimo y aburrido fin de semana por delante-y sin saber qué hacer. Eché un curriculum en un sexshop donde buscaban un dependiente. Pues mira,igual mejora mi situación así, tendría tiempo para escribir y estaría mucho más tranquilo que en mi odioso trabajo.
Hacía tanto frío que no me apetecía otra cosa que quedarme en casa, pero a la vez me daba pena perder el tiempo libre en no hacer nada. Paseé un rato por calle Goya, viendo tiendas, claro, y por el Retiro. Y al pasar por el Vips de O´Donell vi al camarero que se parece a Pedro Marín por uno de los ventanales, así que entré para tomarme un...lo que sea. No era hora ya de comer pero tampoco de merendar así que le pedí un zumo. Pero qué bueno que estaba por dios pensé cómo se consigue un cuerpo así, perfecto lo mires por donde lo mires. Me preguntó qué quieres y yo le dije un zumo de naranja, pero para mi sorpresa él va y me responde es eso lo que quieres seguro pensaba que habías venido a verme.
Qué descarado, qué mariconazo, qué...cuerpo.
Y a mí, que me gusta quedar siempre por encima, como el aceite, le dije verte ya te he visto, ahora lo que quiero es un zumo. Se echó a reír y mientras me bebía el zumo, como tampoco tenía mucho trabajo que hacer, se quedó dándome charla. Que si de dónde soy, que si él tampoco es de Madrid, que si esto que si lo otro, que si quiero que quedemos.Y de repente, me oí diciendo de acuerdo por qué no, tú dirás dónde y cuando.Así que acabé quedando a las siete en Callao para ir a tomar algo y luego a su piso que vive cerca de allí.
Mierda, me prometí no quedar más con desconocidos, pero qué se le va a hacer, es el destino y tampoco es tan desconocido es el camarero del Vips que se llama...coño, no sé como se llama, no nos hemos presentado. Eso sí, tenía su teléfono, por la "C" de camarero del Vips, justo después de Camarero de Posada de Antonio Banderas.
Regresé a mi casa contento de la vida, me duché, me puse el cd de La Casa Azul que me he comprado porque las canciones que me grabó Mire me sabían a poco, y me puse guapo de la muerte para mi cita con una camisa que me compré con Silvina en Springfield una tarde que estábamos aburridos y sin saber qué hacer.
Me monté en el metro a eso de las seis y media, estupendo, si iba a llegar puntual y todo. Cita perfecta, cita perfecta iba recitando como un mantra inconscientemente. Qué cuerpo, qué cuerpo también pensaba pero con otra parte de mí. Y como si la mano de dios hubiese cogido el vagón en el que viajaba, de repente todo el mundo a mi alrededor comenzó a zarandearse y a caerse y yo me quité el discman porque no me enteraba de que estaba pasando y una mujer me abrazó porque estaba a punto de escoñarse viva y la luz se apagó. La luz se apagó. Bingo. Segundo apagón en el metro de Madrid en cinco meses y segundo apagón que me pilla a mí dentro.
Durante media hora estuve aprisionado y aplastado con desconocidos a oscuras, que aunque pudiera sonar un poco como a cuarto oscuro era mucho menos divertido. Y de repente, fui consciente de la situación, pero qué cojones hago aquí, a oscuras en el metro de Madrid, camino de una cita con un desconocido que me ha dejado claro que vamos a ir a su piso no para enseñarme la decoración exactamente, pero y dónde queda todo eso del amor de tu vida, qué es lo que quieres, luego no te quejes, qué es lo que quieres, decídete, qué es.
Volvió la luz y con ella el movimiento. Salimos del túnel y la mujer que me había estado agarrando durante todo momento se tranquilizó y dejó de clavarme las uñas. Salí a la calle practicamente empujado por la multitud, que es normal que todavía se tenga la paranoia del 11M, eso es algo que creo que no va a cambiar por mucho que pasen los años.
Mi último euro en el bolsillo. Estábamos a fin de mes y no había sacado nada del cajero. Podía llamar al camarero del Vips y decirle que iba a llegar un poco tarde pero que me esperara. O podía no hacerlo.
Eché el euro en la cabina más cercana y marqué un número de teléfono. Al otro lado, me recibió una voz suave y cálida.Dije yo también te echo de menos, pero no te preocupes, que pronto nos veremos de nuevo, meu carinho brasileiro. Eu tambem tengo saudade de voçe me dijo él. Y entonces el euro no dio más de sí, pero yo me sentía mucho más feliz.

 

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