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23 Febrero 2005 - 5:24 p.m.

Comenzó a nevar sobre Madrid. Los copos de nieves son tremendamente ligeros, caen como si con ellos no fuera la cosa, me encantan, parecen plumitas, y de repente, todo está blanco porque la unión hace la fuerza y ellos son muchos. Pasear bajo la nieve me hace mucho más feliz.
Silvina esperaba en el salón a que llegara Diego, su casi-novio o novio ya, la verdad es que no lo sé porque cada día me resulta más difícil distinguir la línea que separa la vida de soltero del compromiso. Me dijo que me fuera a pasear con ellos por el Retiro y me pareció una gran idea a pesar de que aún andaba con los ojos medio pegados con las legañas porque me acababa de levantar. Me acicalé y una vez que hubo llegado Diego nos fuimos al parque como chiquillos a hacernos fotos y tirarnos bolas de nieve. Diego es muy simpático, también es argentino y muy mono. No es arrebatadoramente sexy pero sí muy mono y hace una gran pareja con Silvina. Creo que ella se ha empezado a enamorar de verdad de él y eso me parece muy bonito, que dos personas se conozcan poco a poco y lleguen al punto de querer comenzar una relación sentimental porque ya no pueden pasar el uno sin el otro. Es lo que yo también quiero para mí. Se me pasó la mañana volando, gracias a dios, porque me había despertado nervioso porque por la tarde tenía que recoger los análisis y no sabía en qué ocupar el día hasta que llegara la hora.
Me fui a comer a Vips para dejar a los tortolitos al menos un rato solos en el piso, aunque insistieron en que me quedara a comer con ellos supuse que querrían besuquearse un poco ahora que están empezando y me quité de enmedio.
En el Vips el camarero no paraba de mirarme. Era bastante atractivo, alto, un poco Pedro Marín de Aventura en Africa. Yo intentaba comer con modales para que no pensara que soy un bestia pero como comerse ciertas cosas con modales, como por ejemplo una hamburguesa gigante de tres pisos. Pues nada, yo a lo guarro total con queso roquefort chorreandome por todas partes y ketchup hasta en la epiglotis, y el tio nada, como que no tenía otra cosa que hacer que mirarme. Le pagué y me fui sin más ni más, me tenía intimidado y pensé que qué mal rato, a este Vips yo no vuelvo que para eso hay uno en cada esquina de Madrid.
Llegó la hora de ir al hospital. Me puse en el discman el disco que me grabó Mireya, que me anima mucho y me hace sentir que no estoy lejos de mis amigos de Málaga. La doctora que se parece a Gloria Fuertes salió a recibirme, es tan maja. Me gustaría que fuera mi amiga o de mi familia, es de esas personas que te llevarías a tu casa. Me dijo siéntate y ponte cómodo. Pero a estas alturas yo me recordaba a Joaquin, alteradísimo y distorsionando la realidad, pensando que me había dicho que me pusiera cómodo porque me iba a dar una mala-la peor-noticia.
Joaquín es un chico de Málaga que trabajaba conmigo, bueno también lo conocía de la universidad pero tampoco es plan de que escriba cinco páginas hablando de él. La cosa es que no era mala persona pero su eterno estado de nervios y alteración echaba a perder cualquier virtud que tuviese y hacía que la gente se apartara de su lado. Ahora que pienso en él me da pena, y también me da mucho miedo acabar así, que hay días que siento que esto abocado a ello.
Pensé que si la doctora que se parece a Gloria Fuertes me daba malas noticias, no se lo iba a contar a nadie y mucho menos contarlo por aquí. No quería prostituir mis penas, hacer que la gente se sintiera obligada a portarse mejor conmigo. Sé quienes son los que se preocupan por mí y basta, da igual lo que digan los análisis. Y no quiero tampoco que nadie sufra por mi culpa sin necesidad. Me pareció que la mejor opción sería quedarme callado. Antes de dar(o no)los resultados, y para crear un poco de suspense, quería darle las gracias a todos los que en estos días se han preocupado por mí. Ha sido un mal trago, pero bueno, por todo hay que pasar en esta vida y tampoco hay que dramatizar así que vamos a animarnos que yo estoy bien, ok?? Gracias a Moi y a Vida(jeje), yo también os echo de menos y espero que vengáis a verme a Madrid pronto y que pasemos más tiempo juntos que la última vez. Por supuesto a mi Patri, que la quiero un montón y que viene este sábado a verme, ya verás lo bien que lo vamos a pasar. A Derson, que cada noche me llama y me aviva una llamita que hay en mí con sus bonitas palabras y su modo de ver la vida tan libre y tan positivo. Y a Isa, que me ha llamado mil veces en estos días y nunca he podido hablar con ella. A mi hermana, que la quiero un montón aunque no se lo diga muy a menudo y que es la mejor hermana del mundo, bueno ella tampoco se puede quejar de hermano jajaja. A Susana, que hace un siglo que no la veo pero que ya se lo he dicho que no sé por qué razón el destino nos quiso unir y que nos mantuvieramos uno en el corazón del otro...En fin, a todos y también a los que me han leido desde la clandestinidad, a Jesús, el novio de Fran que me recomendó el Listerine, jajaja, como pica dios santo.
La doctora me dijo que me quedara una copia de los análisis y que ella se quedaba los originales, o al revés, ya no lo sé, porque me temblaban las manos y me sudaba la espalda y me estaba cagando-literalmente-. Me dijo que no me comiera las uñas, joder,me las como desde que tenía uso de razón y por el amor de dios, no se desvíe del tema de esta visita, me voy a morir, doctora?? ....
...Y me dijo que no. Que está todo perfecto, que soy un chico muy sano a todas luces, que hasta mi colesterol está pluscuamperfecto(Eso es porque no me has visto engullir la hamburguesa del Vips a dos manos con la mayonesa manchándome la punta de la nariz)
Así que me mandó un líquido para enjuagarme la boca, un espray para desinflamarme las vias respiratorias y que me olvidara de cepillarme los dientes, que a partir de ahora usara seda dental. Muy agradecido salí de allí, con mi justificante, como no, en la mano, y bajé por calle O´Donell mientras la nieve se posaba en mis pestañas como pequeñas haditas de color blanco que se unían a mí en mi euforia. Al pasar por la puerta del Vips, entré a tomarme un zumo. De sobra sabía que no era un zumo lo que buscaba. El camarero a lo Pedro Marín me lo sirvió sin decirme nada y sin, eso sí, quitarme el ojo de encima. La vida son dos días, o no? Le sonreí, mostrando una de mis armas más potentes, y le pregunté que qué era lo que miraba. Pues que va a ser a ti, me dijo. Un poco mariquita me pareció cuando abrió la boca, pero bueno. Me eché a reir, le pagué el zumo y le dije que ya nos veríamos. Fuera seguía nevando con más fuerza aún y yo, lleno de vitalidad, quise ser parte del temporal y arrasar Madrid dando vueltas y más vueltas entre el viento y la nieve.

 

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