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23 Noviembre 2004 - 3:57 p.m.
Me puse a llorar en mitad del postre porque aquella tarta de manzana me recordaba a otra tarta de manzana,a otra época que ahora recuerdo con el nombre de "días mejores".Salí del restaurante secándome los ojos con un kleenex.Mi cerebro es un laberinto lleno de puertas cerradas y hay algunas que cuando las abre un repentino golpe de viento,me hacen llorar.Todo eran preguntas agolpadas en mi cabeza.Por qué han de cambiar las cosas,qué hago en esta ciudad,qué busco realmente que me pueda llenar la sensación de vacío,si mi estancia en Madrid no se cimienta en excusas inventadas para huir de una vida anterior... Deseaba encontrarme dentro del ascensor para poder llorar a moco tendido y hasta gritar si fuese necesario,pero no pude,porque en el portal me encontré con Silvina,la divina,que también regresaba a casa.Me preguntó que qué me pasaba y yo le mentí como un vellaco echándole la culpa a mi alergia y al clima de Madrid,que es malísimo para el asma.Ella me creyó sin más ni más a pesar de que los lagrimones me caían la cara abajo,y empezó a contarme la historia de su prima la alérgica de Buenos Aires que era alérgica a todo y se asfixiaba por todas partes.Después pasó al tema de sus propias alergias pero no me enteré ya de mucho porque mi llanto se había convertido en torrente y estaba demasiado ocupado en sonarme y en limpiarme los ojos como para prestar mucha atención en que ella sea o deje de ser alérgica al iburoprofeno. Llegamos a casa y me encerré en mi habitación.Al rato me quedé dormido,exhausto de tanta pena,y por supuesto,no fui a trabajar. Cuando desperté,le mandé un sms al Argentino y quedamos para tomar algo. Le dije que estaba depre y me abrazó y me dio muchos ánimos con sus palabras.A veces deja su faceta de guapo-loco y toma una de libro de autoayuda.Me llevó a un bar lleno de luz blanca,que la verdad es que reconfortaba bastante,y una vez allí le conté el motivo de mi desdicha.Volvió a abrazarme y me dijo que era normal,que ese sentimiento volvería esporádicamente durante años,quizás durante el resto de mi vida. De repente,me sentía tan niño,tan egoísta y tan impertinente,lamentaba tanto muchos de mis comportamientos,que me prometí a mí mismo no fallarle a nadie nunca más en mi vida.Después el Argentino retomó su papel de payaso desenfrenado e hizo infinitos intentos por animarme la tarde,pero la verdad que entre lo mustio que me encontraba yo y lo poco que entiendo a veces su sentido del humor,me hizo poca gracia. Cuando regresé a casa,encontré en el buzón el regalo que me envió Moi,el nuevo disco de villancicos de Rosa,y me puse a escucharlo tras hablar un ratillo con él para darle las gracias por el disco y contarle los últimos acontecimientos. Para rematar el día,y darle un poquito de suspense y efecto final al capítulo,recibí un mensaje de Derson,lamentándose de lo mucho que se había enamorado de mí y del poco caso que yo le hacía.Y no sé muy bien si debido a que los villancicos de Rosa me habían imbuido en un clima de espíritu navideño,o si tanto reflexionar durante el día me había convertido en buena persona,lo llamé y hablamos-más o menos,en una mezcla de idiomas que todavía no tiene nombre.Me pidió verme tan sólo una vez más en su vida,y me pareció tan tierno,tan arrebatadoramente ingenuo...que acepté.Queridos lectores,pensaréis que estoy desequilibrado emocionalmente-yo también lo pienso-pero Derson me invitó a su casa en Lisboa antes de que acabara el mes de Diciembre,y yo acepté.
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