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16 Noviembre 2004 - 1:13 p.m.
DE nuevo siento que la vida me sonríe aunque a la vez me desvíe de mi principal meta y no hago mucho al respecto lo de ser un escritor rico y famoso. Lucía Echevarría ha ganado el Premio Planeta, qué asco de tía, y ha montado un bar en Lavapiés con los cincuenta kilos que ha ganado(de dinero, no de peso. Con los kilos que ha ganado de peso no sé qué va a hacer la pobre). A mí eso me deprime y me paraliza. No sé la razón por la que me afecta, pero me afecta. Y no es exactamente una sensación de envidia, es más bien sentirme fuera de lugar, ajeno a ese mundo que está tan cerca y a la vez tan lejos. Igual me planto en su bar de Lavapiés y le digo lo mal que me cae, o a lo mejor lo que hago es hacerle la pelota para que me eche un cable, quién sabe. Tengo unas ganas horrorosas de dejar mi trabajo, y más ahora que me han subido el IRPF al doble y gano menos que cuando entré. La gente no para de hablar sobre los despidos, el convenio, las denuncias y la madre que los parió. Yo paso un poco del tema, bastante estrés tengo con el que tengo ya de por sí, así que yo de lo que hablo es de montar un grupo musical tecno-electro-punk con mi amiga Cristie, la técnica, que se llame "+Turbo".Ya tenemos primer single, que lo escribí durante unos minutitos de relax que tuvimos, e inspirado por el deseo sexual que me invade últimamente.Se llama "No hay nada más".El novio de Cristie tiene un grupo y un sello discográfico, y por ahí empezamos la coña, pero quién sabe si al final la paranoia llega más lejos que mis paranoias de costumbre. A media tarde, tuve una llamada sorpresa. Era Marina, que había desertado del trabajo(cosa que yo también tendría que haber hecho)y se había puesto a dar vueltas por el Eroski(joer, como hecho de menos mis vueltas por el Eroski, deprimido, sin rumbo, comiendo donuts de seis en seis y comprando cosas innecesarias!!) Marina es una caracola de concha dura que no puede ser destruida pero que a veces se deja llevar por la corriente que provocan las mareas y se cree vulnerable o sola. Joder, cómo no habemos caracolas en el mar. A mí me recuerda mucho a mí mismo cuando era un poquito más joven, decía las mismas cosas que ella, por ejemplo, sobre la música o con eso de pelearme con mis padres. Yo también soy una caracola de concha dura, pero lo que no quiero es dejar que las olas me vapuleen. Que te vapuleen es mucho peor que que te rompan en mil pedacitos de un solo golpe. Realmente, agradecí mucho su llamada. Por cierto, que la muy loca estaba acechandolo a ÉL en la puerta de La Posada, como una paparazzi. En estos momentos tengo unas ganas infinitas de verlo yo también, de poder acecharlo, abrazarlo y besarlo, de hacerle reir con mis historias y despejar los nubarrones que en ciertas ocasiones nublan su mente. A eso de las diez y pico, cuando ya sólo quedamos cuatro gatos cogiendo llamadas en el maravilloso mundo de Digital+, mi móvil comenzó a sonar de nuevo. Doble vergüenza: 1) Porque se me había olvidado quitarle el timbre y los supervisores me miraron con cara de mala leche y 2) Porque tengo como timbre la canción de "Antes muerta que sencilla" y los supervisores me miraron con cara de que ya no tengo remedio. Pensé que sería Marina de nuevo, para informarme del seguimiento al camarero, pero no, una vez más mi propia historia me viene a sorprender cuando digo-diga?-a un número oculto y es Derson.(sí, de nuevo el pirado de Derson, hablándome en portugués como si yo entendiera una sola palabra de lo que dice) Más o menos capté algo así como que el Viernes es su cumpleaños y que cumple diecinueve(Bueno, queridos chicas y chicos, por fin sabemos su verdadera edad. Al menos no tiene quince como todos auguraban) Yo le dije que estaba trabalhando y que un beijo, que es lo único que sé decir en portugués. Y le colgué. Regresé a casa bailando al ritmo del disco de Britney Spears, que ahora me gusta mucho a pesar que he estado años renegando de ella. Hay que ser consecuente con las ideas que tiene uno, y si a uno en el fondo le gusta Britney, pues para qué se lo va a negar a uno mismo. Y cuando llegué al piso, allí estaba ella, mi nueva compañera de piso argentina, estupenda, divina, (altísima), Silvina. Y nos pusimos a parlotear hasta las tres de la mañana, qué bien que me cae, espero que dentro de tres días no se haya roto la imagen que tengo de ella y me empiece a caer mal. A saber, cómo la vida da tantas vueltas. Nunca se sabe lo que va a pasar, por ejemplo, yo me había prometido no hacer ningún gasto extra esta semana, porque no tengo un duro "real", todo va para la bendita tarjeta barcleys, y al salir de comprar el pan veo en una papelería un bolígrafo de Jordi Lavanda que cuesta cuatro euros(cuatro!!) y voy y me lo compro sin más ni más, con lo de bolígrafos que tengo y la poca falta que me hace. Pero sentí que era algo que DEBÍA ser hecho. Misterios de la vida.
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