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1 Noviembre 2004 - 1:30 p.m. Nunca me termino de acostumbrar a los cambios de hora, me siento perdido durante días sin saber qué hacer ni adonde ir. Bueno, generalmente ese ya es mi estado de ánimo, pero cuando cambian la hora se me eleva a la décima potencia. Ayer comí a la una, como los ingleses, y era la única persona en todo el restaurante. Me sentía completamente tonto e incómodo, pero es que para mi cuerpo eran las dos de la tarde y estaba muerto de hambre. Después me eché una siesta en casa y a las cinco y media fui al cine, por segunda vez en esta semana, a ver una película muy aburrida que se llama Nine Songs. Regresé a casa con la sensación de haber tirado el dinero, pero al menos me encontraba más distraido y menos agobiado que en días anteriores. Estuve llamandolo a ÉL durante todo el fin de semana, y no me cogía el teléfono o lo tenía apagado. Me esperaba lo peor, pero al final resultó que había estado de entierro porque se le había muerto un tío. Vale, no es que yo sea un insensible y un egoísta y no sienta lo de su tío, pero respiré aliviado cuando lo supe.
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