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27 Octubre 2004 - 1:03 p.m.
De nuevo llueve en Madrid. No es una lluvia exageradamente intensa y mi frágil paraguas por ahora aún me protege de ella. Llamé a Derson para saber a qué hora llegaría el Viernes, pero cada vez que intentaba hablar con él, me colgaba el teléfono. No quiere saber nada de mí, quizás así sea mejor. El martes por la mañana comencé el curso de creación literaria y quedé muy satisfecho con las primeras clases. Los profesores y las materias son tremendamente interesantes, permanezco concentrado durante todo el tiempo, no como en la facultad. Somos ocho alumnos, tres chicos y cuatro chicas. Creo que vamos a congeniar muy bien entre nosotros y espero que con algunos surja amistad. Los chicos son-inesperadamente-guapos y aparentemente heterosexuales. Las chicas son guapas y modernas, siguen-como era de preveer-el look Bebe, pero quizás algo renovado, mezclado con un poco de Pipi Calzaslargas. Una de ellas no sigue ese patrón, es mayor que la media y probablemente sea madre de familia. Es con la que mejor migas he hecho. En el trabajo no tengo tiempo ni para pensar, hay un volumen de llamadas espantoso, y el poco tiempo en el que no tengo las neuronas ocupadas en atender a los malditos clientes, estoy pensando en cómo y cuándo abandonar la empresa. Esta mañana ha llegado Inma-mi compañera de piso-aunque no la he visto porque me he levantado más bien tarde y ella ya estaba durmiendo, descansando del que habrá sido un horroroso viaje nocturno desde Cádiz hasta Madrid.A eso del mediodía vino la vecina a verme. Regresa a su ciudad-es de San Sebastián-por asuntos de trabajo y estará fuera hasta Diciembre. La echaré de menos, al fin y al cabo ha sido mi única amiga en esta semana y media que llevo aquí. Es curioso cómo últimamente cuando le cojo cariño a alguien, acaba por desaparecer de mi vida. Yo, desde luego, no estoy por la labor de que eso ocurra, y procuraré seguir en contacto con ella. Anoche lo llamé a ÉL. ÉL nunca me llama porque estamos a final de mes y no tiene dinero, espero que cuando cobre tenga el detalle de enviarme aunque sea un mensajito de vez en cuando. Está muy animado, muy contento, y hablamos durante media hora, me río mucho con él y siento como las haditas muertas de mi interior reviven cuando oigo su voz y aletean extasiadas. Le propuse que viniera a verme más adelante. El concierto de Juan Sinmiedo sería una oportunidad única y maravillosa para reencontrarnos. Le pareció una gran idea, así que, me quede dormido con la sensación de encontrarme en lo alto de una ola, que se expande y eleva hacia el cielo para que pueda rozar con mis dedos alguna que otra nube.
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