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24 Octubre 2004 - 1:04 p.m.
Reflexiono sobre la finalidad de este diario. Escribir es dejar prueba de la existencia, por lo que escribo para dejar prueba de mi paso por Madrid. Puede que algún día esta etapa de mi vida se difumine en mi mente como humo, como un sueño, como un néctar que ha dejado una sensación dulce en nuestro paladar pero del que no recordamos sabor alguno. Supongo que lo que espero de estas líneas que cada día escribo es que perduren cuando la vida las convierta en pasado. Puede que también busque un espacio abierto donde vaciarme, pero eso sería mucho más complicado de explicar. Hoy hace un día bonito, uno de esos días en los que te sientes el protagonista de un anuncio de compresas a pesar de ser un hombre. Ves a las madres que sujetan a niños que sujetan globos, y sonríes. Te paras un momento en mitad de la calle a sentir como el sol lame tus párpados cerrados, y piensas que nada puede ir mal en un mundo tan perfecto. Qué agradable sensación y qué pena que no todos los días sean así. Ayer, por ejemplo, fue todo lo contrario. Tuve todo el día libre para explorar la ciudad, y tras horas caminando y perdiéndome por las calles acabé saturado de todo y de todos, y con tal dolor de cabeza que, una vez en mi casa, me eché en la cama con las luces apagadas intentando olvidar que afuera había un mundo. Intenté hablar con ÉL, pero no me cogía el teléfono, así que, también intenté olvidarlo y me envolví la cabeza con la almohada a ver si llevando menos oxígeno al cerebro conseguía pensar menos. Repentinamente, el teléfono sonó. No dejé que diera ni el segundo timbre, pensaba que era ÉL y me abalancé para cogerlo. Era Derson. Derson es imprevisible,apasionado,un torbellino,un ir y venir de fuegos artificiales.Es ingenuo y salvaje,vulnerable y lascivo.Es incontrolable, ¿o acaso se puede controlar la furia del oleaje con las manos? Es insaciable y frágil. Me tenía una gran noticia, o al menos era una gran noticia para él. Llega el Viernes a Madrid. Sí, este Viernes. Se me paró el corazón y empezó a arrastrase poco a poco hacia mi garganta. Respiré hondo y pausadamente le dije que me perdonara pero que no era buena idea que viniese a visitarme porque no le podría ofrecer el amor que él buscaba y/o necesitaba. Le dije que estaba enamorado de otra persona. Y para mi sorpresa, tuvo una reacción bastante calmada y madura. Me pidió perdón él a mí por haber sido tan burro y haberse tomado las cosas tan a pecho, y pareció no molestarle la idea de ser solamente amigos. Eso sí, venir, viene. Tiene el billete de autobús y no piensa devolverlo. Ya sé que no soy quién para prohibirle la entrada al país, pero lo habría hecho de haber podido. De nuevo una cuerda en mis manos, y de mí depende no hacer un nudo con ella.
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