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22 Octubre 24 - 1:24 p.m.
El sol brilla en Madrid y yo me dejo engullir por la ciudad como si del océano se tratase. Por el camino, me recreo en los rostros de los transeúntes y me pregunto qué les habrá traído a vivir a este lugar. A mí me trajo un sueño, un huracán repleto de inquietudes que arrasó con las ataduras del amor y del compromiso, un ansia que no se llenaba con engullir todo lo que había en la nevera ni con comprar compulsivamente todo lo que cayera en mis manos, un impulso que pudo con mi cordura y me zarandeó hasta que una vez en pie, me decidiera a comenzar la larga marcha. Ayer el día transcurría de manera rutinaria, parecía que tras una semana aquí, la ciudad me había otorgado al fin el anonimato y transparencia que tienen los lugareños habituales. Mi máxima preocupación era conseguir un Twix, porque estaba anunciado en todas las paradas de metro, y yo-que soy altamente influenciable por la publicidad, y más si ésta es del tamaño de Suiza-había empezado a plantearme el suicidio si no conseguía uno para la hora de la merienda. Al final pensé que de esa manera nunca me desharía de los michelines y opté por un triste yogur Esveltesse de manzana y pera, pero que sólo sabía a manzana y que sólo tenía trozos de manzana. Sería que se les habrían acabado las peras. De repente, mi móvil comenzó a vibrar con un aluvión de mensajes, sacándome de mis pensamientos(Este yogur no sabe a pera,que mono es ese de ahí,espero que la niña-bicho no se siente a mi lado y me arruine la merienda,me está dando todo el humo de la guarra de al lado,me tendría que haber comprado un Twix,cuál será la finalidad de mi existencia...)Cuál fue mi sorpresa al comprobar que estos mensajes(de amor!)que caían como tímidas gotas de lluvia antes de una tormenta,provenían de...y agarrénse los cinturones, queridos lectores, provenían de Derson, mi joven amante brasileño, olvidado en un capítulo -cerrado- de mi vida. Que me quiere, que no se puede olvidar de mí, que quiere venir de vacaciones a verme...Lo típico.Pasé de los mensajes y me olvidé del tema, seguí intentando encontrarle el regusto a pera al maldito yogur. Cuando regresé a mi casa, hice un par de llamadas, una a Jose, que también me había escrito un mensaje para ver qué tal me iba el trabajo, y estuvimos hablando un buen rato como buenos ex-maridos. Me gusta sentir que nos tenemos cerca para lo bueno y para lo malo a pesar de que ya no estamos juntos, pero me pregunto si será siempre así y me da miedo. La segunda llamada fue a ÉL. Si Mahoma no va a la meca, pues que la puta meca vaya a Mahoma, y de repente, me sentí fatal por haber pensado que pasaba de mí, porque me contó lo mal que lo está pasando,que ha tenido una crisis de ansiedad y que el médico le ha puesto un tratamiento de ansiolíticos. Me quedé de piedra, porque los ansiolíticos me dan mal rollo con sólo nombrarlos. Yo, tan egoísta porque él no me llamaba y ÉL, retorciéndose de angustia en soledad.Quise abrazarlo, besarlo ,estar a su lado en un momento como éste, no fallarle, y era un sentimiento de tal impotencia no poder hacerlo que tardé horas en quedarme dormido. En la oscuridad de la noche, el corazón se me hinchó, floreció, se retorció e inflamó, y de repente caí en la cuenta de que aquello no podía ser otra cosa sino amor. Pero el día no acabó ahí. Inesperadamente, hubo una última llamada. Era Derson, quejándose de que no le había contestado, de que lo había olvidado. Me preguntó si podía venir a verme,que lo necesitaba, que al menos quería verme una vez más en la vida. Qué terrible, éramos una ecuación matématica, A quiere estar con B pero B quiere estar con C(que está deprimido y tomando ansiolíticos).Lo más terrible es que no supe decirle que no. A kilómetros de distancia, el corazón de un brasileño se hinchó,floreció, retorció e inflamó, mientras que aquí, en Madrid, (la ciudad que ronca y yo imagino que es el mar), el mío empezó a ahogarme un poquito.
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