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21 Octubre 2004 - 1:23 p.m.
Comenzó a llover en Madrid como si del diluvio universal se tratase, y pasé toda la noche a mediodormir, temiendo que la ventana de mi habitación se abriera y todo el agua me entrara dentro. Gracias a dios que no ocurrió y al amanecer amainó la tormenta. Dormí hasta el mediodía y una vez en pie me vine al restaurante para comer algo y conectarme a internet, pero cuál fue mi sorpresa al descubrir que el único ordenador que quedaba libre no tenía barra espaciadora.Me hice una ensalada de lechuga y garbanzos-muy nutritiva-y me senté én uno de los sofás verde aceituna que tanto me gustan. Entraron dos mujeres despampanantes, parecían dos top models, y se sentaron a mi lado. Cuando empezaron a hablar, me di cuenta de que eran dos transexuales y pensé que en Madrid nada es lo que parece, es mucho mejor. Aquí todo está elevado a la enésima potencia, pero otro día me detendré más en este tema, que queda mucho por contar y apenas me queda tiempo. Una vez en el trabajo, se me presentó el que a partir de ahora será mi coordinador, y me quedé muerto-en la bañera-porque resulta que es real y completamente un encanto.A lo largo de la tarde vino cinco o seis veces a hablar conmigo para ver si me intregraba, jajaja, y a mí que me hace falta que me integren pero de otra manera!(ejem) La jornada de trabajo transcurrió plácidamente...hasta que recibí una llamada de una señora un tanto alterada-como tantos y tantos clientes insatisfechos de DIGITAL+-Yo, con mis dotes diplomáticas, conseguí calmarla y empezamos a charlar un poco sobre nuestras vidas...Resultó ser una escritora , dispuesta a ayudarme en todo lo que haga falta para que triunfe en Madrid. Estuvimos hablando durante media hora y no paró de darme consejos y de motivarme para que luche por mi sueño. Yo, que tanto había dudado en la soledad de mi habitación sobre la finalidad de mi traslado, por fin lo veía todo un poco más claro. La vida te conduce hacia una estación de metro. Ha sido en Madrid, en esta empresa, en ese sitio, en ese teléfono, a esa hora, cuando ha entrado esa llamada, y me ha entrado a mí. Si yo no hubiese cambiado de ciudad, si no hubiese seguido en el mismo trabajo, si no le hubiese quitado el sitio a uno de los técnicos antipáticos esa tarde...Está todo escrito, no puede ser casualidad, y eso me llena de esperanza, porque no creo que todo esto ocurra sin un propósito, sería demasiado cruel que la vida jugara de esta manera con las personas para al finar arrebatarles sin más lo que tanto han ansiado. Eso sí, la vida te lleva hasta la estación. Ha de ser uno mismo el que decida subirse o no al vagón. Conocí a una chica preciosa en el trabajo, y era preciosa con todas las letras, con todo lo que conlleva, una muñequita de porcelana monísima y simpatiquísima.Me invitó a un café y y lo acepté, bueno, sabéis que yo café no tomo, así que me saqué un chocolate con leche.Y de repente, la muñequita se transformó en una niña-bicho, y empezó a despotricar contra los "sudacas de mierda que vienen a quitarnos el trabajo","los negros de mierda que vienen a violar a las mujeres" y "los maricones de mierda que ahora van y quieren casarse como si fueran personas normales".El chocolate se me quedó en el vaso, helándose como la sangre que había dejado de correr por mis venas.Una vez más, nada era lo que parecía en Madrid. Aquí los travestis tienden a top models y las niñas-bicho tienden a neo nazis.Todo se va hacia los extremos.
Por la noche deseé, una vez más, que ÉL diera señales de vida, pero una vez más, no lo hizo.¿He tomado una línea de metro en la que ÉL no se encuentra? El vagón que conduce a mis sueños a veces es frío y solitario.
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